Poison

Es un paso a la vez. No en el sentido optimista, no es una progresión. Es un café, de nuevo. Un sobre de azúcar, dos sobres de azúcar. Crema en polvo blanco, deja que se disuelva. Es como una nube blanca, entre la negrura. Mátala con el mezclador, toma de nuevo. No te quejes.

No te quejes, porque ya mucho has escrito sobre cómo a ti te afecta el dolor y el daño, sobre cómo a ti te ha caído le pesadez de los días, y sobre cómo a ti te ha tocado. No hay forma esta vez, de pensarte a ti. No de la forma de antes.
Parece obvio que después del daño que ha hecho, todo se va a la mierda. Las consecuencias de sus actos desfilan frente a él y en las estelas de sus perfumes al pasar es contundente un “Por supuesto!”. No podía ser de otra forma. Bueno, si podría, si se pudiera retroceder y magnificar todo lo que pasaría, de seguir con lo mismo.
Sabe que no es la peor porquería, de verdad lo sabe y aunque esos momentos solitarios se lo traten de repetir, afortunadamente él, a diferencia de sus momentos, puede salir de vez en cuando y dar una ojeada a la imagen completa. Y habla consigo mismo, las 24 horas del día. Su soliloquio es permanente, mientras teclea, mientras habla con otras personas y mientras abraza a quienes aún lo quieren de la misma forma siempre.
Sabes bien lo que has sido. Has sido un manipulador y un tramposo, y no te gusta saberlo, pero no parecía importarte en esos momentos claves. Te encanta que te miren, te encanta que te sepan presente. No te culpo, mucho tiempo te sentiste invisible e irrelevante. No nos gusta la retórica moralista, pero sabes que el desquite no debía llegar a costa de quienes vieron en tí un poco más. Sentirte miserable y bajo, es normal. Es invisible, pero normal. Y es normal que sea invisible, has perdido. La historia siempre la escriben quienes ganan, y siempre habrá lugar para las víctimas de gente como tú. No para nosotros, los criminales, cínicos y tóxicos. Nosotros no la pasamos tan mal, pero siempre llevaremos las cargas de los desastres que nuestro triste y desfigurado amor propio deja a su paso.

¿Cuándo aprenderás?

Escuchando a Elton John pienso cómo un tipo del corte de Bowie podía ser tan tremendamente notable y versátil, cuando en realidad ambos pueden hacer del dolor algo suave y hermoso, a veces incluso manejable. No me siento descrito, no me siento identificado esta vez. De alguna forma las pausas y los acordes se sienten como neón y las voces de sus sintetizadores son, de hecho, bastante analgésicos.
Subir, girar la llave, sentir el temblor y el suave ronroneo que a mi señal crece como un pequeño rugido. Parar, mirar. “Lift”, y debajo “Lock”. Qué hace una tapa de gasolina algo cautivador, no lo sé. No logro concentrarme en ella siquiera. Salgo y veo que el día no está tan mal, acelero en la bajada. Acelero en las curvas, acelero cuando cambio mis carriles. Acelero cuando adelanto un camión de mensajería, acelero y me distraigo, y con la displicencia más triste trato de decir “eyes on the road, you stupid cunt”.
Dejé de usar tanto el motor, tal vez para reducir la posibilidad de irme en un fugaz estruendo, irme del todo. No me faltan ganas, pero tal vez aún falte por llegar el momento indicado. No me hallo en ningún lugar, no me hallo en ninguna persona, mucho menos en mi propia persona. Así que camino por las calles de Chapinero, camino por las calles de Teusaquillo. La lluvia cae suave y acompaña los pasos arrastrados, en un restaurante chino suena un programa de concurso. Las personas van con sus vidas entre programas, y los cortes comerciales los dejan momentáneamente sueltos. Llevar la cabeza baja acerca el olor del asfalto mojado, y el frío en el rostro. Debes dejar ir, aunque sepas muy adentro, que no es tan tarde como crees, que aún hay un último intento que puedes hacer.
Ahora son las 5:00 am. La noche de sábado que prometía más alcohol, más amigos y más ruido, terminó a las 2:30. El ruido, los amigos y el alcohol estuvieron bien. Pero nada de eso pudo apartar de tu mente lo que llevas todo el tiempo. La pesadez en el alma y el dolor de pecho permanente, los pulmones olvidaron como respirar y ahora viven a base de suspiros profundos. Lograste tratar de reír un poco más, con dos cervezas fuera de tiempo y un caldo que prometía revivir muertos. Pero son las 5:00 am, y vas subiendo por la mitad de la calle. De nuevo, viendo como los cerros custodian la ciudad, con ganas de tragársela. Ojalá me tragaran a mi. Ojalá pudiera desaparecer, no ser yo. O estar en un lugar donde nadie sepa quien soy, donde ni siquiera me vean.
Susan Sontag entrará a mi bibliografía, gracias a una interesante referencia. “Ella dice algo así, como si te despellejaran. Es una extraña sensación, como perder una parte fundamental”. Gracias, querida amiga. Me gusta que mi vida me haya traído personas como tu, para escuchar, admirar y confiar. Es sólo que hoy me siento como una porquería invasiva y sociópata. Son ya las 5 pm, hace buen sol. Pero es domingo, y la espiral descendente vuelve a succionarme hacia el vacío de ser yo. Y sólo quisiera decirle,

gracias. Me hizo feliz existir contigo.

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Published in: on mayo 16, 2016 at 2:06 am  Dejar un comentario  

En verdad os digo: No queréis involucrarte conmigo.

9/01/2011

Hoy estoy ebrio, y no me importa nada. Incluso debe saberse que he luchado más de siete minutos con mi teclado para escribir esto. Se siente una levedad absoluta; ni siquiera el peso sentimental obligatorio de aspectos elementales con los cuales canalizamos los choques de los días recurrentes.

Ni siquiera sé sobre qué tema sea oportuno escribir, ni siquiera sé si “Ni siquiera” se escribe separado. Siento las ansias de vomitar, allá escondidas entre las maletas que soñé que traía conmigo, como si fuera a viajar próximamente. Sería enormemente oportuno tener un cuerpo femenino pensando con la misma intensidad que yo (que va! pensando con una intensidad mínima que le haga fijarse en mi quejumbrosa meditación) hasta poder entablar una conversación con la coherencia suficiente para llegar al coito absoluto.

Oh, eres taan directo y taan hiriente, dicen a menudo. Mierda! por qué debo disfrazar mi instinto de follar sólo por una ilusión pseudoromántica que sólo les llevará a la desilusión de saber que la psique puede cambiar su parecer cuantas veces se le antoje?

Tengo un renglón nuevo por delante, pero como yo, a diferencia de otros escritores amaestrados, no me exijo diariamente… sabrá el diablo cuando culminaré esta estupidez pulcramente redactada.

 

15/02/2011

Hoy NO estoy ebrio. Aún así sigo sin darle importancia a nada. Pero lo que me impulsa a escribir es una amalgama de odio, frustración y decepción. Y otras cosas que, o no tienen nombre, o soy muy torpe para recordarlo. El último libro que vi, se llama “El amor es un perro del infierno”. Y sinceramente le daría mil denominaciones más bajas al amor, que la de un perro. Un perro es fiel. Un perro no te deja abandonado, ni te miente a la cara. Un perro no te da excusas estúpidas, para cambiar de amo. UN PERRO NO CAMBIA DE AMO COMO SI CAMBIARA DE CALZONCILLOS.

Entre el escepticismo con el cual me place tapizar el interior de mi cabeza, aún quedan en pie algunos valores que me parecen sumamente útiles, y básicos además. La honestidad no debería ser tan difícil de cumplir, pero bueno… muchas cosas hay fáciles, pero nosotros, la gente común; las complicamos con basura sentimental, adornos de pensamiento colateral. Siento ya la paranoia constante de no poder confiar en nadie, mucho menos cuando hacen promesas de largo alcance. Salir a la calle se vuelve una actividad meramente contemplativa, el contacto se limita a los conocidos que sin prometer han hecho lo que pueden.

Cuando alguien se entusiasme demasiado contigo, desconfía. Cuando alguien se inunde de planes alrededor tuyo, desconfía. Cuando alguien se vea extremadamente entregado, desconfía de su estado de conciencia. Los placeres de la atracción física son excelentes sedantes, pero tienen efectos cortos. Aún sabiendo esto, quienes son -somos- lo suficientemente zoquetes, esperamos. Pero no recordamos, en nombre del pragmatismo, la diferencia: se llama “esperar”, cuando de hecho algo llegará. Cuando no, se llama “Perder el tiempo”. Cuando dejes de creer en San Valentín, verás todo el tiempo que has perdido en nombre de una excusa milenaria.

Cuando las bestias envenenadas de romanticismo despierten, serán lo más parecido a tu hijo amnésico. Se olvidarán de todo lo que han dicho, se librarán de toda responsabilidad sobre sus palabras con la verbigracia propia de las tarjetas de condolencia. Se olvidarán de ti, de tu nombre y renacerán para voltear a mirarte, compasivas y lastimeras.

Y cuando alcen el vuelo para irse, en el fragor de su verdadera esencia, restregarán en tu cara el mismo pene infectado de la ironía, la maldita ironía que te ha dicho día tras día “Tú bien sabes que no te quiere a tí. Quiere a algún otro más imbécil que tú.”

No queda más remedio que verlas alejarse y odiar. Si algo he aprendido de la belleza, es que se ve más brillante con el vaho del odio. Odiar es delicioso, es armonioso, es tan taquicárdico como amar, pero mucho menos alienante. Es como un orgasmo prolongado, lleno de puñetazos al aire. Si tuviera un sable, compraría un dummie de cera, para despedazarlo, barrer el desastre, suspirar un poco y abrir una cerveza.

Mientras tanto, todos ustedes pueden irse a sobar la entrepierna.

 

Published in: on febrero 16, 2011 at 5:21 am  Dejar un comentario  

Rattlesnake

-Oh, bury me not
on the lone prairie,
where the coyotes wail and the wind blows free.
And when I die, don’t bury me
beneath western sky
on the lone prairie.

-William Elliott Whitmore

No entiendo cómo carajo le pueden decir a alguien que ponga su mente en blanco. Llevo una hora mirando mi techo, y me siento de lo más estúpido, de hecho. Más bien me pongo a pensar en alguna canción, siempre hay una. Para este momento, podría ser algo muy asfáltico, un stoner, o un funk desértico. Sé que se respeta al desierto de la misma manera en que se respeta algo de similar crudeza, como el mar, o los callejones traseros de los bares. Cualquiera de estos tres es capaz de esconder todo tipo de historias, tan sucias y arrabaleras como la realidad les permita. A la postre, las mejores historias están por fuera de la ley y la moral triste de quienes aman la rutina y se dejan sodomizar por ella.

Estando en el desierto, sabemos que todo se esconde bajo las piedras, pero nada escapa al juicio del Sol. Incluso las peores alimañas buscan alivio en la arena cuando llega el mediodía. Muchas de las vibraciones que pueden manifestarse en el plano físico son muy placenteras, a diferencia de aquellas metafísicas y babosamente hippies. Por ejemplo, la vibración de la Panhead 1948 que pasa en este momento, encaja perfectamente con el cromo del escape, el negro mate del tanque y la mirada polvorienta, curtida del tipo que cabalga la bestia más bella ensamblada por el Hombre -de Milwaukee-.

Mr. Whitman –el hombre de Shamrock, Texas- odia los juicios de valor. Odia los juicios previos a la experiencia, y por sobre todo, odia que lo juzguen por su apellido. Más de la mitad de las gilipolleces que ha tenido que aguantar son pronunciadas gracias al siguiente pensamiento, que podría jurar, sobre una Biblia, que nace en las cabezas de todos los que cometen el mismo error: “Whitman? este tipo debe ser poeta, escritor, como Walt Whitman, y si no lo es, por mi pobre madre que deshonra su apellido.”

Mr. Whitman ama a su motocicleta. Ama estar solo. Ama acelerar, aún si adelante no hay peligros dignos de la cinematografía estereotipada. Ama una cerveza fría, bien centrada entre Yuma y Phoenix. Ama ser él, un tipo que no escribe, y que pensándolo bien tampoco habla mucho. En sus manos lleva media vida de cicatrices y callosidades, porque se ha dado gusto viviendo en su propia ley. El mundo es una mierda, el desierto es una mierda, la ciudad es una mierda, pero por qué no habría de disfrutarlas, y hacer lo que se le venga en gana? No es este el gran país de las libertades, pregunto yo?

Cierta vez, en una taberna a las afueras de Flagstaff, Mr. Whitman tuvo 25 años. De hecho, tuvo 25 años todo ese mes, hasta el día 25. Por cualquier razón, totalmente desconocida para mí o para quien haya escuchado esa historia, pasó de estar en la barra contando botellas, a estar en la trastienda, con media botella en la mano, reclamando las -para nada agradables- entrañas de un bigotudo gordo. Se supone que antes de morir, las personas dicen algo muy lúcido, algo muy heroico, impregnante, memorable. A veces no. Así que, este gordo va cayendo, y recuerda -Oh mierda, no puedo morir hoy! no, no puedo! Mierda, Mierda, Mierda!… me perderé el filete de los jueves!-. Gracias a una perla de estas, Mr. Whitman decidió no tener nombre, no tener edad. No tener días de la semana, ninguna referencia estable del tiempo que lo deteriora. Simplemente le alegra pensar en que no existe una hora decente, una hora apropiada, y mucho menos una hora tardía.

Está muy joven para preocuparse, y muy viejo para prevenirse. Con el tiempo y los kilómetros su destino terminó siendo la muerte. Y la muerte es una palabra más para él. Siendo un hombre de escasas palabras, es una más, como cerveza, camino, mear, dinero, follar, sol, vino, hambre. De lo único que no puede hablar con la misma ligereza, es de Debbie. Debbie no es una palabra. Ella es mucho más que eso. Ella ha estado con él, sin importar su falta de nombre, atraída incluso por sus cicatrices.

I thought we would be havin’ a drink tonight, at The Fireplace. Y’know, being romantic, near to that place where we first met. You were beautiful then, just as beautiful as you’re now. I haven`t been as honest and loyal to anyone, as i’ve been honest and loyal to you. My fist and my strength have always been available for mouth-smashing and face-crushing, against each and every single one of those dickheads who tried to mess with you. They got a piece of me, oh yeah, they did. It’s just you and me, babe. It’s always, you and me. I love the way you talk to me, I love the way you shine, when he sun comes up. You’re just the only one not talking crap around me. I really thought we would be having that drink by now. If it wasn’t by this stupid blood running down my jacket. Damn, Deb, look at this! that’s gonna leave a stain. Even now, you’re here. You could’ve left with some other guy, now, and in many other times before. But you didn’t. You’re standing here next to me, even now, when i’m just an old dirtbag, bleeding, moaning, sweating. I guess we’re not gonna have that drink. But I still love you, Deb. You’re the best. Just promess me, when I’m gone, to lay me down somewhere near, but don’t let the crows feed on me. Fucking crows, they’re always waiting. They never had a proper fight. Promess me you’ll bury me, and you’ll go away. Run like you never did, feel free and happy. Keep everyone trembling at your presence. Keep being the wild beauty I fell for.

Siendo un tipo algo peculiar, los únicos que recuerdan a Mr. Whitman, son los pobres afortunados que han logrado recibir alguna paliza de su parte. Debbie se lo queda mirando, como quien mira un rostro en una foto, tratando de recordar su nombre. Y se alegra de ser la bestia más bella del desierto.

Published in: on diciembre 26, 2010 at 9:53 pm  Comments (1)  

Dirty Riff

No me divierte. No me divierte en lo absoluto quedarme sentado viendo como mi piel se va haciendo cada vez mas marmórea. Sigo lanzando la misma moneda, que nunca me da la razón, primero perdería su valor antes que ceder ante mi terquedad… Sigo escuchando la misma canción de hace una semana, parezco un epiléptico en medio de mi habitación de 3×3. Lo juro, es algo que te hace sentir una sensualidad inusitada, casi criminal, moverte y desesperarte porque sientes que no te mueves lo suficientemente salvaje. Siento el óxido en los pulmones, la distorsión herrumbrosa, metalizada, sofocante, la maldita búsqueda del éxtasis!

NO necesito la compasión, ni la comprensión de nadie, no quiero salvaciones, no quiero sermones repetitivos, ni amores incondicionales. Quiero la niebla. Quiero la figura que se mueve entre ella, volutas de humo negro entre la niebla, me mira y me dice “Que coño estás esperando para venir aqui?” Y yo solo veo los avisos de neon, de los bares. Mierda! y por qué todos dicen “Mierda”? se sentiran, no sé… más agresivos? O tal vez, como yo, Mierda es la palabra que describe a qué huele despertarse echado en la puerta trasera de la taberna, cuatro horas después de hablarle a un tipo que bien podría sacarme la lengua y metermela por el culo.

“Mira… ehh… tu. Puedes levantar esos puñotes de bobo (mientras le pego en los nudillos con mi botella), y hacerme olvidar la forma de mi cara, cuantas veces quieras. Pero nunca dejarás de ser un retrasado mental.”

Eso explica por qué siento que mi quijada está donde el vecino. Muddy quisiera estar aqui… “Everything is gonna be alright this morning…” tiene razón en una cosa, son las 4 de la mañana. Y soy un hombre, y le hago el amor a las mujeres, pero en este momento no quiero saber de nada de eso. Quiero caminar sensualmente a mi nevera, sacar sensualmente una cerveza fría y beberla sensualmente hasta que mi sensual cuerpo amoratado caiga sobre la cama y mi sensual hedor a callejón y a imprudencia seduzcan a mi lucidez… y mientras empiezo a dormirme, me pregunto por qué demonios tengo un crucifijo en mi pared.

Hay que ser sucio, hay que ser desorganizado, hay que ser descortés, demente y poco atractivo. Pero hay que serlo con estilo, al fin y al cabo, sabe tanto a vómito la gente, que de vez en cuando puedes darte el lujo de ser un cabrón; de odiar sutilmente y de sonreir malvadamente cuando sabes que estás imaginando algo apocalíptico. O simplemente cuando el morbo deja de ser incorrecto. El morbo es tu amigo! Es el amigo alcahuete que sabe lo que te gusta, maldito depravado! Pero no por ser un depravado dejas de ser mi amigo, así que dedico mi increible persuasión a limpiar de obstáculos tu camino al conocimiento innecesario. Y esa es la historia del tipo que siempre pasa por la misma calle, hace el rodeo mas estúpido de la década para llenar su curiosidad viendo a las prostitutas. A las 5 de la mañana.

Ciertamente no es el día de lamentarse, ni de llorar. Es el día de gritar y de reirse, de escupir en los parabrisas y de pasar como un tornado por las vidas de todos, porque la tuya te la sabes de memoria y hace años que está inundada. Todos tus libros, todas tus anotaciones importantes, todas las servilletas con ideas interesantes flotan sin piedad, y se llena de sangre el agua. Todos quienes alguna vez detectaron tu frecuente frustración se ahogan, y los demás… bueno, tambien se ahogan, pero más tarde.

Published in: on octubre 2, 2010 at 2:51 am  Dejar un comentario  

Forastero

Hace exactamente 6 días, mi ciudad estaba llena de patético patriotismo colorido y orgulloso. Sucede todos los años, sólo que esta vez se cumplieron 200 años de celebrar la misma tontería. Decidí salir a tomar algunas fotos, “algo interesante debe haber, entre tanta ridiculez”, decía mientras limpiaba la lentilla.

Puse un pie en la calle, y empecé a ver como el asfalto empezaba a parecerse a un perro dálmata, mierda! La lluvia me fastidia increiblemente, más que antes. Para todo hay momentos… Para la lluvia, un buen momento sería alguna tarde de un domingo sin nada que hacer, cuando te vale tres cojones mojarte hasta los huesos. Incluso, con buena compañía, salpicar lodo y saltar mojarse y sacudirse y resbalarse no está mal. Porque al final, llegarás a algún lugar, a alguna ducha, a algun sofá, con una cerveza. Entonces, caminé mas aprisa con las gotas riéndose a mis espaldas. Mas o menos 20 minutos andando, pude ver a la chica que me gusta ver a los ojos. Me reconforta, aunque 10 minutos no son suficientes. Una mirada fija, la sonrisa suave, su cuello huele a tranquilidad, a limpieza… Tipo raro yo, en medio de todo, no sé como nos hemos entendido a tantos niveles distintos. No alcanzo a saber como a un Porsche 911 llega a agradarle un tipo como yo, algún Morris del año 60, clásico y agadable, lleno de defectos internos. La beso con el cariño que puedo expresar pese a mi misántropo escepticismo, y me voy presto a internarme en la argamasa del pueblo independizado. Ella, es otra historia. Merece más parrafos con su nombre, mucha más exclusividad.

Creo que me saltaré la parte en la que odio el transporte público con el cual tengo un idilio forzoso. Empiezo a vagar por las calles del centro que hoy rebosa de banderas, sombreros, camisetas, más banderas y la verdad, entre tantas cabezas, muy poca gente interesante. Según la programación habrá un evento en la plaza principal, a doce calles de donde estoy, por lo tanto me tomo mi tiempo y hago tomas distraídas, desenfocadas, esfuerzos fútiles para estar verdaderamente sorpendido cuando encuentre algo que valga la pena. Veo un par de tipos vestidos de época, bromeando con algunos transeúntes, y quiero dispararles… así que lo hago, una, dos, tres veces, y reviso las fotos. Buenas tomas.

Son días como estos en los que apunto el lente hacia cualquier lugar, hacia cualquier persona. Todavía es algo inexplicable el hecho de como un lente puede provocar mas miedo y hostilidad que el cañón de un rifle, o la punta de un cuchillo. Personalmente acepto el hecho de mi mayor comodidad a este lado de la cámara, pero trato de entender el afán de los demás por ocultarse, cubrir su rostro y, si son más audaces, cargar sus miradas de ira como si con eso cayera una maldición sobre mis ojos. A qué le temen? A no tener una expresión de inteligencia, de meditación en mis imágenes? A caer en un plano secundario soportando el protagonismo de algun punto de tensión? Si, señores y señoritas, es así. No siempre las personas son importantes en las fotos! Respeto enormemente a ciertas comunidades nativas con fuertes motivos de propiedad espiritual para evitar con recelo el joven arte de la fotografía. Pero las comunidades citadinas, individualistas y mediáticas hasta la enfermedad; sólo logran causarme ese malestar de quien es terco aceptando su verdad. No quieren que capturemos el vacío de sus miradas, sus poses expresivas y sus expresiones poco atractivas. Tal vez quieran recordarse a sí mismos como nunca fueron, como nunca pudieron ser.

A un par de calles, un anciano toca el violín con parsimonia, con paciencia, casi con la energía de quien suelta una exhalación de agotamiento. Debo admitir que no escuché las notas que rasgaba, bien podía estar tocando la Primavera de Vivaldi, y yo nunca lo escucharía. Tampoco le daría monedas, y en este punto, quien desee; puede dejar de leerme y empezar a odiarme. Supongo que el pobre viejo vio aqui una lastimera oportunidad de ganar dinero y perder dignidad en la calle.

Me pregunto si reirme en la cara de un policía puede acarrearme una noche de prisión. Tres tipos vestidos como RoboCop se acercan amenazantes, indagando acerca de mi origen, de la finalidad de mis fotografías, de mis documentos. Creo que quieren llevarse mi cámara, “por seguridad del cuerpo anti disturbios”. Les explico con paciencia que ellos y sus amigos robotizados no aparecen en ninguna de mis tomas, e incluso les señalo con mas tranquilidad aún, la poca importancia que les puedo dar, lo minimamente interesantes que pueden llegar a ser para mí. Por un momento tuve la tentación de reirme, pero preferí fingir respeto, por los representantes de la autoridad in-competente.

A medida que me iba acercando a la plaza, lo podía sentir. La intranquilidad que aumenta a razón de un punto por persona. Cada dos pasos, 30 personas más en mi misma calle. A mitad de mi recorrido final, un policía con aspecto de bajísimo rango, eleva su voz al mismo tiempo que trata de empinarse en sus zapatos de charol: “LA PLAZA ESTÁ CERRADA! NO HAY MÁS ACCESO! NO TRATEN DE ENTRAR, NO LOS VAN A DEJAR!!” No diré que no le creí, sólo que mi masoquismo es demencial en ocasiones, y le divierte azotar a mi demofobia. Hice caso omiso de sus avisos, igual que los cientos de personas que bien podrían haberlo pisoteado por sugerir semejante idea tan estúpida, ¿Como era posible que la plaza se llenara?

No era tan terrible: sufrí un par de empujones, algunos que se atravesaban. Pero mi pequeño morbo me hace ver atrás y darme cuenta que llego a disfrutar esto. El sol empieza a inclinarse hacia el occidente… Bueno, si no puedes tener personajes significativos, todavía puedes jugar a componer sombras! Incluso mirando hacia el lado contrario del cielo, media luna se asomaba con curiosidad. Era menos desagradable de lo que me temía.

Finalmente me ubiqué a dos calles de la plaza. Estaba llena, era un hecho. Y toda la multitud empezaba a apelmazarse como el río de lodo que no puede ir más allá. Habíamos llegado a la lona que nos detendría, pensé, y me reí de nuestra desobediencia. Subí a la entrada de un edificio con aspecto estatal para poder ver mejor el estado de aglutinamiento, y lo unico peor que la gente empujándose, era lo colorido y chillón de sus atuendos. Mientras todos se empujaban y se lanzaban miradas asesinas para poder acercarse al cordón policial, yo me apoyaba en la pared estatal, comiendo galletas privadas de chocolate, con una risa pública, frente a la intolerancia popular.

Se acabaron mis galletas, así que me lancé de lleno hacia el mar de gente dejando de lado mi palpitante misantropía, y decidido a divertirme un poco a costa de todos los demás. Dicen los médicos que uno de los mejores factores para el funcionamiento de la medicina, es el contacto humano, y le atribuyen bondades interminables. Me concentro en eso, mientras siento la presión de cientos de cuerpos contra mi, y como no soy egoísta, contra todos. Veo un inevitable motín de quienes no pueden entrar a pesar de sus empujones y las palabras filosas que lanzan contra los agentes de la ley, así que empiezo a rodear la calle, para ver la otra entrada de la plaza. Dado que las calles aledañas hacia el oriente son mas angostas, era de esperarse algo un poco más… apretado.

Necio, soy muy necio y terco. Al ver como se formaban en fila, hasta tres calles arriba, seguí su ejemplo. Formado, como cualquiera que me viera diría que soy obediente; volví a echar mano de mi paciencia. Al parecer a este lado de la plaza, todos eran un poco más educados. Destapé mi lente, viendo -de nuevo- como era de amenazante mi querida Canon. Hice -de nuevo- tomas al azar, vi la catedral al final de la calle, contrastando con lo poco que quedaba de sol. Debo decir que si tenía su belleza, incluso en cierto punto llegó a entreverse un cielo rojizo, como al óleo.

Tienen su encanto, las construcciones religiosas. Esta catedral, de frente es algo amenazante, pese a su tamaño provincial. Pero viendola de esta manera,  es un poco más amable. Más lejana, obviamente, oscurecida por su propia magnitud. Incluso el faro impertinente bajo el campanario se posa cómodamente y no me desagrada.

Varios pasos a ritmo de procesión, para darme cuenta que por este lado tampoco sería la cosa. De nuevo, empujones, perdón, disculpe usted, permitame, que pena, no señora esa no es su pierna. Salí de nuevo a las calles anchas, para darme cuenta con gran sorpresa, de que la gente seguía llegando, convencidos de poder entrar a la plaza pese a la ya conocida imposibilidad del acceso.

Poco a poco se acababa la luz, y aunque nadie quería irse aún, el ambiente dejó de parecerme atractivo. Sobretodo porque la multitud empezó a volverse obediente… Qué aburrido! Esquivé gente, serpenteé por entre los puestos improvisados de vendedores: antiguedades, ropa usada, juegos tramposos, juguetes de luces. Había solo uno que llamaba mi atención, un viejo con una nevera gigante vendiendo cerveza… Así que compré una lata, y aproveché el carril central de la gran calle invadida para saborear la amargura deliciosa de mi cerveza, como cuando se saborea la amargura de una mujer con la promesa de nunca ser alcanzada.

Me permití disfrutar de la lata con paciencia, hasta que cinco calles más abajo expiró mi placer. No habiendo nada más que hacer, empaqué mi cámara, y me dispuse a retomar mi tormentoso idilio con el transporte público, igual de atestado de gente, con los mismos colores y sentimientos patrióticos de la mañana, pero un poco más sudados, cansados y oliendo a comidas callejeras. Pocos días existen en los que se puede tener el gusto de observar la psicología de las masas, sobretodo cuando idolatran a un enano arrogante. Al final la frustración de no poder ver el tan anunciado show, dejó de existir, gracias a mi madre, que lo grabó por televisión.  Gracias, Mamá! Gracias, T.V!!

Published in: on julio 26, 2010 at 9:45 pm  Dejar un comentario  

Vamos, eso es todo lo que tienes??

Podría estar releyendo el libro de un solitario lobo, que saqué de la biblioteca hace algunos días. Pero no quiero. Quiero sentir un odio inmenso, que surge de las entrañas, como un ácido que hierve en mi interior y se va comiendo poco a poco mi humanidad. De pequeños nos enseñaron que el amor lo lograba todo. De pequeños también nos enseñaron que Dios quiere a todos los hombres, pero al crecer nos dimos cuenta de lo poco que quiere a algunos. ¿Entonces? Hemos aprendido mentira tras mentira, inhibición tras inhibición, respirando con agitación ante la sola idea de ser descubiertos pensando cosas impuras. La mirada lastimera de las vírgenes nos manipulaba hasta el punto de la devoción, y aun así creíamos ser libres. Hemos aprendido, ya adultos, que la libertad es una palabra con florituras y ornamentos, que al final es tan útil como un velo de novia. Nunca seremos libres. Y el amor nunca logrará nada. Y son tantas las cosas que atan cadenas a nuestras pequeñas y miserables cabezas, que nunca podremos desatarnos.

Aún si veo los ojos verdes de una rubia a tres asientos de mí, sé que detrás de la dulzura se encuentra el más antiguo y eficaz método para la autodestrucción. No se puede amar sin flagelar la propia voluntad. No se puede amar sin idealizar a quien sabe que te puede manejar con facilidad. Les estamos entregando nuestras vidas a personas que se corrompen con semejante poder, aún más grande que el poder político, religioso, cósmico. No se puede amar.

Hay estúpidas fantasías en las cuales Bobby conoce a Jenny, Jenny es una chica realmente especial, Bobby pasa situaciones embarazosas para gustarle a ella, finalmente Bobby comete errores y Jenny decide irse a vivir a Chicago, cuando Bobby decide al mismo tiempo correr a gritarle cuanto la ama (naïf!), llega al aeropuerto, se cuela entre toda la seguridad y llega a Jenny, a recitarle sin respirar alguna enrevesada teoría según la cual él no podrá vivir sin ella. Jenny renuncia a todo, parece no importarle el costo de los pasajes que acaba de pagar, y corre con Bobby por un campo verde, sin importarle tampoco el paradero de todo su equipaje. Los peores 35 mm de mi vida.

Quien carajos muere de amor? Nadie muere de amor, es la mierda más grande que se ha inventado el hombre después de Dios. Se muere de un infarto, una embolia, un paro respiratorio, un trauma masivo de órganos, la mordida de una serpiente, decapitación accidental en un ascensor, atropellado por una motocicleta, luchando contra un villano encima de un subterráneo, lanzado a un contenedor de ácido sulfúrico, mordiendo cápsulas de cianuro, de un tiro en la sien (si las cápsulas no funcionan y el enemigo te apresa). Pero no de amor. Que excusa tan increíblemente absurda para asegurar toda una vida de angustias y nudos en el pecho. Investigaría, si a eso me dedicara, para descubrir quién fue el hijo de puta que se inventó que el amor está en el corazón. Que es posible romperlo. Que es posible regalarlo, aún teniéndolo en el propio tórax.

Por qué no utilizamos el cerebro? Si, hay quienes somos resentidos, pero también hay quienes nos dejamos de babosadas para concentrarnos enfáticamente en los motivos -reales- de la vida humana. Pura bioquímica. Si fuéramos un poco más osados socialmente, escupiríamos en las caras de quienes van a descargar un camión de mierda sobre nuestras cabezas, incluso antes de darles el placer de ganar nuestra confianza. La capacidad del lenguaje es un don, para que todos nos excusemos por todo lo malo que hacemos. Justificamos estupideces con amor, con ideologías, con sentimientos de lealtad y renuncia al fracaso.

Talk is cheap, they say. You can go on and talk the whole night about how much I mean to you, and hours after you’ll be fucking another guy, because he is such a good person. Because “I love you, but you and me, it can never happen”. Well you know what? Fuck it! I know I’m the dirty bastard, the one you always kept from showing to others. Starting today, I L-I-K-E  I-T. I’ll keep being the poor demon I’ve always been, the kind of person losers like to call “a loser”, the one who doesn’t give a fuck to get the grease and the dust on his shirt. I’m the one who enjoys life, the one who keeps beating the shit out of fuckers who want a piece of me, the one who keeps drinking all night long, the one who enjoys screwing, knowing there is no promise to be made, no commitment to be followed. I’ve walked the streets with no destination even before knowing you existed. Oh you! I got a special place for you. Hell yeah, you’ll be in the place of people I hate the most. My chaotic memory, that’s where you belong. Just in case you’ve got anything to say, I already know. This is a method, to keep myself from crying like a stupid retarded. Because, I’m not stupid. I can be reckless, left handed, stubborn and overwhelmingly impulsive. I’m not an outlaw, because in these days, it sucks to get busted.

El tipo de al lado hace mucho ruido

Antes me sorprendía  gratamente la cantidad de cosas que QUERÍA hacer. Ahora me agobia la cantidad de cosas que DEBO hacer. Debo ser responsable, debo ser consecuente, debo correr, saludar y pagar. Debo llegar a tiempo, y excusarme aun si me demoro cinco minutos. Debo olvidarla, debo odiarla, debo exorcizarla. Debo ser saludable, y debo sonreir aún cuando quiero vomitar. Debo aplazar mi muerte para poder agradar a quienes desean obtener algo bueno de mí. Muchas veces, debo fingir que todavía queda algo bueno.

De las pocas cosas que aún no me irritan o me dan nauseas, que aún pueden llenar algo de mis días, son las películas. He gastado más en peliculas ultimamente que en alcohol. Aunque la mayoría de la gente enfila hacia el “cine arte” como aviones kamikaze, convencidos de obtener cultura e inteligencia de la manera mas fácil; yo me dedico a comprar comedias románticas. Si, aquellas donde X se enamora de Y, sucesos desafortunados y siempre, culto al destino. No son guiones magistrales, pero hacen que el odio al mito del amor sea un poco más soportable, gracioso, paciente. Voy sin faltar, despues del mediodía, recorro el pasaje lleno de artesanías, que huele a incienso, cuero repujado y tejidos polvorientos. camino y esquivo a los turistas a una velocidad constante…

El término catalizador puede referirse a la sustancia que, en un proceso llamado catálisis, modifica la velocidad de una reacción química…

…los que disminuyen la velocidad son llamados catalizadores negativos o inhibidores.

No entiendo como lo logran, dos ojos miel claro contra dos piernas entrenadas especialmente para caminar y esquivar turistas a una velocidad constante. Los ojos ganan con un amplio margen de ventaja, sobre todo cuando al reducir la velocidad me encuentro con el rostro gentil e incluso inocente que encierra aquellos ojos y los utiliza contra mí. Yo, normalmente un tipo de expresion adusta, un tanto hosco y falto de modales (no porque no los haya aprendido, sino porque hace ya algun tiempo que los dejé abandonados en la calle), presuroso y algo arrogante; ahora me encontraba ahi, frente a ella, desafiando el mostrador lleno de videos musicales y largometrajes en idiomas variados. El mismo tipo que parecía escéptico y fuerte, ahora degustaba como un idiota las comedias románticas y las películas clandestinas. -Croyez-vous dans l’amour à première vue?- Le pregunta el chico a la rubia que acaba de follarse en un baño de universidad. -Oui…- responde ella con la sonrisa de quien no lo ha hecho por primera vez. -Naïf!- dispara el chico con suavidad, y sale del encuadre.

Contrario a cualquier percepción “coherente”, evito su mirada, me pone nervioso. No lo sé, pero siento que ella me mira. Sin decir más, sonrío feliz de poder verle sus ojos, aún cuando es la primera vez que la veo. Pago, rechazo la bolsa con la excusa de salvar el planeta (la cual viene siendo la excusa más idiota y repetida para no recibir una bolsa plástica), sonrío nuevamente y me voy. Y la recuerdo. Y la odio. Y me rio, despues de reprenderme por la inmediatez con que pude atiborrar mi lista mental: “Excusas para comprar películas todos los días en el mismo sitio”, apéndice 1: “Lista de películas que no he visto”. Segundo round, le digo a Olaf que vaya conmigo, no espero que comprenda. Sólo quiero no estar sólo a ese lado del mostrador. Entramos, y gracias al dios de las películas piratas: Ella está ahi. Reimos un poco, vemos títulos e incluso vemos discos musicales que no compraremos. nos vamos, me alejo del poder maligno que me hace reír ahi. -No podía dejar de mirarte- suelta Olaf a cinco pasos de la salida. -Por qué me miras, maldito homosexual?- e inmediatamente entiendo mi error interpretativo. -ELLA  no podía dejar de mirarte, idiota! juraría que ni se dio cuenta que yo estaba allí-.

 Creo que tiene pecas, además. En el reflejo del mostrador pude ver una boca, moviendose entre los títulos de películas que ya he visto. No importa, le dije que sólo compraría si ella estaba allí. Cualquiera que hable con mujeres atractivas quisiera tener un rostro como el de Steve McQueen, o el de Robert Redford. y una actitud similar. Me compadezco al saberme tan común, pues aún con mi escepticismo, mi torpeza de Benny Hill delata mi vulnerabilidad.

Escuchando: “La Vie En Rose” – Louis Armstrong

Quiero aprender la versión en francés.

Crisis, Catarsis, Bilis.


Listen to the silence, let it ring on.
Eyes, dark grey lenses frightened of the sun.
We would have a fine time living in the night,
Left to blind destruction,
Waiting for our sight.

And we would go on as though nothing was wrong.
And hide from these days we remained all alone.
Staying in the same place, just staying out the time.
Touching from a distance,
Further all the time.

Habían pasado por lo menos dos meses desde la última vez. Sentí la diferencia al escupir el humo, con prisa, más que con alivio. No fumaba porquerías baratas, pero la abstinencia al parecer se empeñaba en patear mi trasero, y mi estómago. Un poco mareado seguí andando, decidido a terminar uno y encender el siguiente. Cada vez más pálido. Era una visión hilarante, maldito indigente.

Tal vez entre toda la multitud algo cambiaría (aunque sé que odio las multitudes, y preferiría estar jugando unos buenos billetes en el hold’em). Gente y luces. Por lo pronto estaría distraído. “Necesitas comer”, pensé. Un paquete con galletas, a medio terminar entre la chamarra… Coño, mi garganta estaba cerrada, náuseas, náuseas.

De repente, me encontraba frente a cierto retrete muy blanco. Baldosas blancas, paredes blancas, divisores metálicos impecables, Mierda! todo tan antiséptico! ploc, ploc, sin embargo algo goteaba. Debes acostumbrarte, en los baños públicos siempre hay algo que gotea, las películas no mienten. Ya de rodillas tosía como un gato canceroso. Dos veces y luego, nada, nada. Me quedé mirando al retrete, como si la cara de Hunter Thompson fuera a surgir de ahi en cualquier momento para darme algún consejo bien blasfemo. Nada, agua limpia, y al fondo, la salida. Una salida. Podría irme por ahi, los problemas y las estupideces diarias darían vueltas, la vida entera daría vueltas y se iría. Una salida.

Es irritante cuando los pasos de alguien chirrean en la baldosa, interrumpen mi vomitiva divagación. Rompen mi concentración, maldita gente. Las luces ahora me marean. Con una sonrisa deseé insólitamente, que el lugar oliera a mierda, a sudor. El tipo siguió chirreando, zzzip! orinó, escupió, zzzip! vi como se detenía con curiosidad detrás de mí… tosí y se fué. De nuevo, el retrete y yo. Traté de levantarme, y el gran y arrogante mundo daba vueltas alrededor mío, “ohhh, qué demonios!”, tosí con fuerza y las arcadas anunciaron la poca bilis que pude vomitar. Bueno, por lo menos ya todo no era blanco. Bien. Necesito-un-whisky. Tal vez estaba vomitando lo que quedaba de mi voluntad, o tal vez todo el estiércol en mi cabeza hacía efecto finalmente. No me dejaba arrinconar de teorías catárticas, ni de purificaciones espirituales, ni de babosadas hippies.

Decidí buscar un nuevo trabajo. Hay mucha gente aqui y hacen un ruido increíble. y todos se ven igual de miserables a mí, eso me hace sonreír. pienso que puedo ser una hormiga útil ente otras hormigas no tan útiles. “tengo tu número!” Alice, se llamaba. Genial, otra llamada que no necesito. Que carajo, deberían estar vomitando en lugar de hablar a gritos. Se pelean la atención, cual avisos del Times Square. Deberían vomitar, todos ellos.

A veces el transporte público puede ser un dolor de orto. Pero esta vez, como otras pocas, era agradable. Me sentaba a mis anchas, mientras las viejas marujonas y amargadas me excomulgaban con sus miradas… que les follen. todavía tienen piernas. me río por lo bajo y quisiera tener un par de cachos… por lo menos mi retrete no es blanco.

Published in: on marzo 17, 2010 at 4:48 am  Dejar un comentario  

Loser Blues

Ojalá tuviera hambre. Así, el vacío de mi estómago sería justificable, además de eliminable. Pero la frustración no es tan fácil de camuflar, sobre todo cuando no estás ebrio.

El transporte público resulta útil en estas ocasiones, los buses se convierten en un grupo de apoyo, sólo que aquí, nadie sabe tu nombre, y nadie va a admirarte por tus fracasos. Sin embargo, hay gente, que como en la vida, sube, y se baja. Es en serio, nadie se queda. Todos parecen tener miedo, o aburrimiento. O las dos. Puedes ser un alcohólico, o un depresivo, o un psicópata falsamente rehabilitado. A todos alrededor les vale una mierda.

Nunca más volveré a subir a un bus. Un mes más en este trabajo, y podré comprar un Caddie usado. Y será él, el único con derecho a juzgarme. Con la radio, o el sonido triturante de sus chatárricas entrañas me dirá ” eres un jodido perdedor…perdedor…brrmmm…perdedor…”

-Puedes dejar de mirar al piso??- A estas alturas, Eddie se impacienta.-vamos, ayúdame con éste- y patea suavemente el pie del hombre junto a él, a quien la verdad no le importa si le patean o no, desde que tiene un disparo de calibre 38 junto a su ojo derecho. Así que, Eddie, el muerto y yo caminamos a lo largo del callejón, al cual da la entrada de servicio de un restaurante llamado “La Trattoria de Joe”. Pobre Joe, le será dificil cocinar con medio cerebro regado en el asfalto.

Me gusta este trabajo.

-Así que crees que te vamos a dejar ir así como asi, no?- el tío que queda, me mira suplicante, mientras me  ve recibiendo el  bate.-Mándalo a robar bases-.

No estoy de ánimo, pero Eddie me metió en el trabajo, cuando lo único que hacía era beber y pelear. Así que, con algo de pesadez, tengo que quebrarle un par de huesos al desdichado que está amarrado en la silla. Me gusta mi trabajo, sólo que no me siento muy diferente de cuando tropezaba con las latas de cerveza en aquel cuarto alquilado de Los Ángeles.

Y es que en verdad somos todos unos masoquistas. Nos gusta sentir el desprecio propio como una aguja inquieta, que puede herirnos con nuestra propia aprobación, donde guste, con la imprudencia más desafiante. Yo por mi parte prefiero sentir otras sensaciones igual de atormentadoras. El ahogo del afán y la impotencia, el fuego en los pulmones iracundos y el escozor en toda la piel desesperada. Me gusta pensar que puedo burlar dolores tan profundos, jugando con mi propio estado mental.

-Vamos, que lo quiero es un soplón, no una bolsa de carne!- Eddie se ha dado cuenta.-Creo que hoy no es tu día (“ni mi semana, ni mi mes, ni mi año…”). tomate un whisky a ver si te calmas, bastardo salvaje. Y dame ese maldito bate.

Me gusta mi trabajo. queda cerca, no hay un horario fijo, me pagan bien. Pronto tendré mi Caddie, podré montar alguna chica en él. No volveré a montar en Alcohólicos Anónimos Sobre Ruedas. Ojalá tuviera hambre. Da igual, por lo menos estoy un poco mejor que el del balazo junto al ojo derecho.

Published in: on noviembre 8, 2009 at 4:11 pm  Dejar un comentario  

El Mal I

A veces me encuentro con aquellas mujeres demoníacas,
caminan con arrogancia y nos ignoran.

Desafiantes, y aun asi siempre seductoras.
Se cubren con sedas, vapores perfumados
y en las noches nos miran, inmóviles, con ojos de lince.

Al hombre descuidado engañan, disfrazadas de angustias
o simplemente lo distraen con sus curvas de valkiria.

Oh,hermano, en mal momento hemos perdido la prudencia (y la verguenza)!
Aprisionados estamos en su regazo, su sexo nos llama con ansiedad!
Lujuria! Ira! Venganza!

Como tres ninfas criminales, saciarán su sed en nuestros cuellos.

De momento escuchando:
Disgraceland
Por Elvis Hitler

Published in: on junio 13, 2009 at 3:34 am  Dejar un comentario