Far Away I

-En qué estaba? Ah si. Los billetes de metro. Bueno, resulta que ahora usan tarjetas. al parecer hace parte de la evolución tecnológica de las ciudades, o eso dicen. Esta es una ciudad linda, tiene calles limpias y todo parece funcionar bien. El calor es agradable, aún con el sol del mediodía  tutelando todos mis movimientos.

Contorsiona su brazo hacia atrás para alcanzar la botella de agua en su morral, siente el cuerpo frío del plástico que va ganando temperatura a cada paso, en cada calle que deja atrás parece que dejara un alma de aquel frío que iluminaba sus tripas cuando bebía un trago. Vuelve a beber. Se siente como el vapor. Vuelve a sonreír un poco, Cierra la botella y sigue caminando.

-La ciudad en general huele a plantas, a aire húmedo y a vacaciones. Cuando era pequeño, volvía de viajes con mi familia y ya en casa, a punto de regresar a las rutinas que aguardaban para encajonarnos, tomaba la ropa desempacada y la olía. Tomaba los flotadores y aspiraba el caucho desinflado, absorbía lo poco que quedaba de ese paréntesis de tranquilidad y sol. De ese calor en donde -aún sin saberlo- empecé a dejar atrás aquellos espectros fríos.

Trata de dibujar en un cuaderno, algunas apreciaciones arquitectónicas que le llaman la atención. Es difícil, y lo sabe. No dibujar, dibujar siempre ha sido fácil. El dibujo nunca se juzga, es algo subjetivo. Pero los bocetos urbanos, las pequeñas memorias de los sitios, eso es difícil, y entiende que los arquitectos tengan mucha práctica en esto, aún cuando sean profesiones muy familiares entre si. Hace falta práctica y lo sabe, pero eso no impide que logre esbozar algunas estructuras llamativas, incluso si en el camino se pierden un par de proporciones.

-Me gusta hacer parte de aquel cliché repetido de “caminar por la ciudad”. En realidad me gusta caminar por la ciudad solo, por cualquier ciudad que quiera darme la mano. Las personas están acostumbradas a los habitantes de su ciudad, y siempre pueden detectar a alguien que no pertenece. No importa que tan natural te comportes, o qué tan extraño quiera parecer alguien local, un pequeño instinto los hace saber la diferencia! Debo tratar de sonreír un poco, creo que expresar asombro y algo de conformidad constituye un ritual entre los forasteros y los locales, da a entender que te agrada el sitio. Y en realidad me agrada.

Camina sin detenerse, y decide ir entre calles. No puede ser tan fácil perderse, no en un sitio que muestra un rostro tan apacible. Mientras anda trata de ubicar la línea del metro, para tratar de recoger sus pasos tanto como pueda. Los barrios que encuentra son bastante similares a los barrios en casa, hay tiendas, panaderías y un par de bodegas pequeñas. Hay alguien descargando un furgón, y una mujer adulta que le habla desde el interior de un recibidor. “-Diana dijo que ibas a traer la bolsa grande, qué pasó? -No, estaba ya muy lejos y no alcanzo a hacer dos viajes. Oiste, pasame las botellas que me las llevo…”

-Aún con mi forma de disfrutarlo, la soledad pesa. Pesa y te la arrastras todo el tiempo, como una pequeña desesperación que aún no te muerde.

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Published in: on febrero 9, 2016 at 5:57 am  Dejar un comentario  

Police and Thieves

Hay una calle en el East End, fría como el demonio. Como la mayoría de las calles que la rodean. Un viejo marinero sale por la puerta del pub, extiende una silla de playa que solía tener lona blanca, ahora es un tejido amarillento y raído. Se sienta con pesadez, la silla rechina, el cuero de su chaqueta apesta a ginebra, y chilla con el movimiento de su brazos. Está buscandola, y el alcohol no reduce su desesperación. Varios vagos dejan de hacer lo que no estaban haciendo y lo observan, tratan de predecir que hará a continuación. Finalmente encuentra su armónica. “Royal Navy” grabado encima, con algun oxido entre cada letra. Sopla con cuidado, y como ratas, los vagos se acercan. Mierda, es casi mágico. Su armónica suena a humedad, a frío, a asfalto mojado. Casi se puede sentir como es punzante, en la parte trasera de sus cabezas. De algún lado, sale una botella de Beefeater, y se reparte entre todos. Sin avisar, se acaba la música, y la armónica vuelve al bolsillo de la gruesa chaqueta. El viejo se levanta, la silla chirrea un poco, sonríe a todos y a nadie. En este día ha decidido cambiar su vida… Beberá en otro pub.

He estado durmiendo cinco horas menos de lo que debería, esas son, 35 horas de vigilia en la semana, 140 horas de dar vueltas en la cama al mes. Mirar el techo, sabiendo que nada va a salir de ahí. Escuchar con atención los camiones que transitan a la medianoche, el sonido de las ruedas, las carreras ilegales de los viernes. Ni siquiera es cuestión de levantarse, respiro profundo, muy profundo. Afuera, las bombillas perfectamente ubicadas, esperando alguna mano invisible que venga a dibujar una linea, uniendo puntos. Suspiros profundos, en el aire frio. Hay varios gatos que aprovechan la noche para chillar de una manera desagradable, como niños-muertos vivientes, están en celo y los aborrezco, y me miran y leo sus miradas, “ven acá, imbécil! te reto” y me acerco, y corren como señoritas. Nunca podría vivir con un gato.

Se siente el miedo, frecuentemente. Pero por qué carajo lo sentimos? Por qué nos detiene siempre algo, cuando estamos a punto de acercarnos, cuando queremos escuchar de cerca, cuando queremos tocar lo irresistible? Si fuera un cliché diría “La vida es muy corta”, pero eso es algo que ya todos sabemos (no por eso deja de ser cierto). El miedo, como una gran prostituta, costosa, astuta. “Si tratas de joderme, te haré mierda, y joderé tu vida el doble”. Buena sazón para un dia sin suerte, ser perseguido con fiereza, perder el aliento, y estar alerta… así que hay que joder a la Gran Puta, manipuladora y sagaz. No es necesario ser sagaz, basta con ser descarado. Siempre, SIEMPRE van a pasar cosas, “malas”, “buenas”, injustas. No se pueden controlar. Lo que si podemos controlar, es como reaccionamos ante ellas. Si resulto siendo uno de aquellos pajeros que se quedan llorando despues de ser insultado, por el coño! que me muelan a palos.

Párate derecho, sonríe, amplio, hasta donde lleguen las comisuras. Miralo como viene, como diciendo “Hola nena, te has portado mal!”… recibe el golpe, reacomoda tu sonrisa… así, así está perfecto. Escupe la sangre, limpiate con la manga. No dejes de sonreír mientras le concedes EL  dedo, “andate a la mierda, chupapollas”. Estamos casi seguros de que los puños no dejarán de llegar, lo importante es no ser un maricón, hay muchos maricones por ahi; la mayoría con músculos marcados, tarjetas de crédito y ropa costosa. A ellas seguramente les fascinan así, pero nosotros, los que no nos molesta comer en la calle, sabemos que se traen, pendejos. Tal vez por eso podemos burlarnos tan abiertamente, porque no vamos a pedir permiso, no vamos a pedir perdón. Mi tipo de gente no baja la mirada, ni se siente inferior… we, pretty much give a fuck. La verdad nos traen sin cuidado todas sus ideologías, sus juicios de valor, sus ídolos llenos de virtudes y ojos claros.

Sabemos muy bien lo que somos, manada de perdedores. Somos unos animales, y aun así podemos ser mucho mas decentes que todos los demás. La originalidad no es problema, en realidad pocas cosas suponen problemas, no vamos a llenar nuestro valioso tiempo de destrucción colectiva pensando en estupideces. Si lo pienso detenidamente, posiblemente no odio a las personas. Tampoco odio a los mosquitos, pero me cabrea que estén en todas partes. Tal vez es por eso que prefiero una buena motocicleta. Algo donde definitivamente no eres un maricón, eres la carrocería. Y eres la máxima expresion de individualidad, mucho más cercano a la ilusión de libertad.

Cambiar de pub no fué la mejor idea. El viejo era un maldito descarado, nunca pidió permiso. Al parecer eso decía el reporte policial dos noches despues de tocar la armónica… Pudo controlar sus puños, sus insultos y sus cejas retadoras. No pudo controlar la botella de bourbon que algún pendejo estrelló en su cabeza. Que mala suerte. Que mala noche, la suerte es para los perdedores.

“We condemn all one-percenters.  They’d be condemned if they rode horses, mules, surf boards, bicycles or skate boards.  Regretfully, they picked motorcycles”

Vamos, eso es todo lo que tienes??

Podría estar releyendo el libro de un solitario lobo, que saqué de la biblioteca hace algunos días. Pero no quiero. Quiero sentir un odio inmenso, que surge de las entrañas, como un ácido que hierve en mi interior y se va comiendo poco a poco mi humanidad. De pequeños nos enseñaron que el amor lo lograba todo. De pequeños también nos enseñaron que Dios quiere a todos los hombres, pero al crecer nos dimos cuenta de lo poco que quiere a algunos. ¿Entonces? Hemos aprendido mentira tras mentira, inhibición tras inhibición, respirando con agitación ante la sola idea de ser descubiertos pensando cosas impuras. La mirada lastimera de las vírgenes nos manipulaba hasta el punto de la devoción, y aun así creíamos ser libres. Hemos aprendido, ya adultos, que la libertad es una palabra con florituras y ornamentos, que al final es tan útil como un velo de novia. Nunca seremos libres. Y el amor nunca logrará nada. Y son tantas las cosas que atan cadenas a nuestras pequeñas y miserables cabezas, que nunca podremos desatarnos.

Aún si veo los ojos verdes de una rubia a tres asientos de mí, sé que detrás de la dulzura se encuentra el más antiguo y eficaz método para la autodestrucción. No se puede amar sin flagelar la propia voluntad. No se puede amar sin idealizar a quien sabe que te puede manejar con facilidad. Les estamos entregando nuestras vidas a personas que se corrompen con semejante poder, aún más grande que el poder político, religioso, cósmico. No se puede amar.

Hay estúpidas fantasías en las cuales Bobby conoce a Jenny, Jenny es una chica realmente especial, Bobby pasa situaciones embarazosas para gustarle a ella, finalmente Bobby comete errores y Jenny decide irse a vivir a Chicago, cuando Bobby decide al mismo tiempo correr a gritarle cuanto la ama (naïf!), llega al aeropuerto, se cuela entre toda la seguridad y llega a Jenny, a recitarle sin respirar alguna enrevesada teoría según la cual él no podrá vivir sin ella. Jenny renuncia a todo, parece no importarle el costo de los pasajes que acaba de pagar, y corre con Bobby por un campo verde, sin importarle tampoco el paradero de todo su equipaje. Los peores 35 mm de mi vida.

Quien carajos muere de amor? Nadie muere de amor, es la mierda más grande que se ha inventado el hombre después de Dios. Se muere de un infarto, una embolia, un paro respiratorio, un trauma masivo de órganos, la mordida de una serpiente, decapitación accidental en un ascensor, atropellado por una motocicleta, luchando contra un villano encima de un subterráneo, lanzado a un contenedor de ácido sulfúrico, mordiendo cápsulas de cianuro, de un tiro en la sien (si las cápsulas no funcionan y el enemigo te apresa). Pero no de amor. Que excusa tan increíblemente absurda para asegurar toda una vida de angustias y nudos en el pecho. Investigaría, si a eso me dedicara, para descubrir quién fue el hijo de puta que se inventó que el amor está en el corazón. Que es posible romperlo. Que es posible regalarlo, aún teniéndolo en el propio tórax.

Por qué no utilizamos el cerebro? Si, hay quienes somos resentidos, pero también hay quienes nos dejamos de babosadas para concentrarnos enfáticamente en los motivos -reales- de la vida humana. Pura bioquímica. Si fuéramos un poco más osados socialmente, escupiríamos en las caras de quienes van a descargar un camión de mierda sobre nuestras cabezas, incluso antes de darles el placer de ganar nuestra confianza. La capacidad del lenguaje es un don, para que todos nos excusemos por todo lo malo que hacemos. Justificamos estupideces con amor, con ideologías, con sentimientos de lealtad y renuncia al fracaso.

Talk is cheap, they say. You can go on and talk the whole night about how much I mean to you, and hours after you’ll be fucking another guy, because he is such a good person. Because “I love you, but you and me, it can never happen”. Well you know what? Fuck it! I know I’m the dirty bastard, the one you always kept from showing to others. Starting today, I L-I-K-E  I-T. I’ll keep being the poor demon I’ve always been, the kind of person losers like to call “a loser”, the one who doesn’t give a fuck to get the grease and the dust on his shirt. I’m the one who enjoys life, the one who keeps beating the shit out of fuckers who want a piece of me, the one who keeps drinking all night long, the one who enjoys screwing, knowing there is no promise to be made, no commitment to be followed. I’ve walked the streets with no destination even before knowing you existed. Oh you! I got a special place for you. Hell yeah, you’ll be in the place of people I hate the most. My chaotic memory, that’s where you belong. Just in case you’ve got anything to say, I already know. This is a method, to keep myself from crying like a stupid retarded. Because, I’m not stupid. I can be reckless, left handed, stubborn and overwhelmingly impulsive. I’m not an outlaw, because in these days, it sucks to get busted.

Anotaciones en servilleta: #1

Justo en el momento en que me levantaba con pesadez de las escalinatas, resbalé, y estuve cerca de romperme la espalda. Incluso dos monedas saltaron de mi bolsillo, malditas ratas! sintieron el inminente hundimiento de mi coxis contra el granito. Esas escalinatas eran algo inusual, te daban la bienvenida a uno de los teatros más pintorescos de la ciudad, con solemnidad y astucia. Pero cuando les dabas la espalda, como yo lo hice en mi embriaguez, te engañaban, y caías aparatosamente, mientras en el fondo una tonada caricaturesca de Thelonius Monk daba por terminada la noche. En esos momentos todos quisieran no conocerte. Incluso miro los centavos que escaparon de mi bolsillo, y Washington evita el contacto visual, el muy cabrón se limita a mirar a la derecha. Qué más da! Perdono a las monedas cobardes y las devuelvo a mi pantalón, me aseguro esta vez de no confiar en la falta de escrúpulos de las escaleras.
Un buen maldito decía “Espero a Dios con gula. Soy de raza inferior desde la eternidad”. Y el trago que me serví hace dos horas me mira con impaciencia, me espera de la misma manera. A un buen straight bourbon hay que darle la importancia que merece, por eso aborrezco a los pseudoagentes secretos que, en sus fantasías alpinas, piden tragos fuertes en las rocas, como niñitos de conservatorio.
Quisiera fingir que soy un tipo duro, y tener cicatrices visibles, en lugares de sensibilidad extrema. Sería una declaración, todo el que me viera sabría algo concretamente. No importa si eres flaco, gordo o pelirrojo, una cicatriz le grita a los demás que tuviste los cojones para soportar una gran herida, y no dejarte morir en el proceso. De hecho, toda cicatriz tiene su ciencia. Cicatriz en la mano: la has ganado peleando limpiamente (aunque te cansaste a los cinco minutos y resolviste todo con una gran botella. Maldita botella, no quería romperse. Tuve que darle tres veces con ella. Pobre tipo). Cicatriz en el antebrazo: Eres un cobarde. Ni siquiera esquivas los golpes. Sólo cierras los ojos y tratas de esconder tu patética falta de carácter. Cicatriz profunda en el pómulo: Normalmente estas empiezan encima de la ceja, ya que eres un temerario, y mirando al otro tipo a los ojos trataste de adivinar su golpe. Lástima que su golpe no venía de los ojos, baboso. Por esto, te has ganado además un ojo blancuzco e inútil.
Finalmente, le hice frente a mi bebida. Pasó impetuosa por mi garganta, y como el mejor de los escaladores, la desgarra a su paso con mil picas, cual si quisiera nunca caer de ahí. Y la verdad, yo tampoco la dejaría, no estaría mal tener el sabor del whiskey en la garganta indefinidamente, en medio de tanta mierda. “Vamos…”, me digo en tono de monólogo: “no todo puede estar tan mal. Tienes un trabajo estable, tu apartamento a unos pasos de aquí, y Betsy te espera en la cama…” Betsy… humm…

Se acuesta en MI lado derecho de la cama… maldita perra. Estoy más que jodido.

27/08/09

Vuelvo a ser el mismo pedazo de carne que era antes. Carne virtuosa, apenas sobreviviente. Ls personas comunes no vivimos de ilusiones, ni de intenciones. Ciertamente no vivimos de escrituras victorianas, dramáticas y perfumadas. Algunos se sienten felices de poder entender pese a toda la mierda que leen. Yo mismo no me considero gran cosa, como no es gran cosa lo que escribo. No decoro mis palabras, no le pongo cerezas y sombrillas a un vaso de whisky. No le pongo flores exóticas y orangutanes a una botella de cerveza. Tal vez la única cosa con la cual podrías decorar un vaso de whisky, es una buena follada. Bebe antes, bebe durante, bebe después. Se evita la tensión, y la ridiculez.

Ayer, mientras caminaba por el centro, vi un anciano recostado en la puerta de una café. Llevaba puesto un traje de graduación, azul claro, con boleros en el pecho y las mangas. Acompañaba su traje desempolvado con un gran puro, y sólo miraba. No sé si miraba a la gente que andaba, o a los autos que hacían fila en el semáforo, de la misma manera en que estoy seguro que habrá una fila para entrar al infierno. Sólo miraba y soltaba humo. -Amigo, te voy a regalar una artesanía con alambre, el valor lo pone tu corazón!- no debí haberme quedado ahí. -No quiero nada de eso- le dije un poco desanimado, pero el alambre no se fué. -Pero cómo no, todos queremos algo, debes tener deseos, tengo unas pulseras para los deseos…
-Deseo estrellar tu cara contra la calle como no dejes de joder mi tarde.- fué mas que suficiente.

Solía haber un mural de “Pepsi-Cola” en la pared de aquel edificio. Le pintaron de blanco encima. ¿Por qué insisten en que el blanco es puro? todo lo que quieren ocultar, lo hacen con blanco, o con cualquiera de sus secuaces. Son los colores del silencio, del aburrimiento mortal. Me gustaba andar por allí y ver ese mural, de cierta manera no pasaba el tiempo. Hacía su pequeño esfuerzo por recordar que no todo debería saber a mierda licuada. Podía saber a “Pepsi-Cola”. Y yo podía cobrar algunos billetes por la publicidad. Pero le pintaron blanco por encima, y bueno, no puedo obligarlos a todos a apreciar ciertas estupideces que yo aprecio. la pasan mejor sin pensar en ellas. siguen comprando papel higiénico, siguen besando a sus parejas, siguen bebiendo cocteles amanerados, que les saben siempre igual.

Un chillido estridente hace que todos quiebren sus cuellos en la misma dirección, buscando la frenada.
-Qué le ha pasado?
-No lo ves? Está muerto!
-Quien?
-Ese hombre, el de la bicicleta!
-Yo sólo veo un reguero de carne debajo de aquel camión.

Hung Over

Eran las 5:55 am, sábado. Radio reloj, me estás mintiendo, Siempre lo has hecho. Te programo para eso.
Así que, eran las 5:50 am. No quería, pero tuve que levantarme. Con sed, con hambre, con frío: había bebido mucho anoche, el whisky me engañó; haciéndome pensar que lo aguantaría.

Eres fuerte, pasarás por esto.

No soy tan fuerte. Huelo a alcohol, a tabaco, a calle. El frío hace su trabajo, y todos me miran con pesar/desdén/verguenza/asco… me fumo otro cigarrillo, no hará mucha diferencia. Si pudieras juntar a todos aquellos sopla pijas que por la mañana te miran con tanta suficiencia, montados en sus nubes de éxito y solvencia, ojos de te-ves-deprimido-nunca-seré-como-tu; seguramente sería un campo de tiro maravilloso.

Quisiera una cerveza fría pero solo tengo monedas, debo ir a la universidad, y debo comer algo. Mierda, había media pizza en la nevera. Y no puedo dejar de pensar en el momento en que deje de ser tan torpe, para casi todo. Será un momento memorable, aunque debo prometerme no sembrar ninguna nube a mis pies.

Hay variedad de canciones, de poemas, de poetas, todos con cara de mamones hablando con bohemia acerca del amor, el dolor y el alcohol. para hablar de eso no se necesitan (creo yo) palabras estrafalarias, ni lloriqueos. Me tiemblan las manos, sigo leyendo a Chinaski. Este tipo si sabe, con el por lo menos no me siento tan cagado por las palomas. No una ni dos, millones de palomas se ponen de acuerdo para cagarte, eres el amo de la peste. Es un tipo que ha pasado su vida en cuartuchos, rodeado de colillas, latas de cerveza y una botella de whisky a medio acabar. Nunca se acaba el whisky, se ha convertido casi en su sangre.

Con cara de burla, llega mi socio. -Eres un bastado ebrio!
-Cállate, D. dame uno de esos- enciende dos cigarros y me entrega uno, aún mirándome con sonrisa paternal.
-Debiste haberte visto anoche, hace mucho no me reía así.
-Ah, si? que hice acaso? pensé que recordaba todo.- me habló de encendedores convertidos en teléfonos, almohadas simulando auriculares, alegrías efímeras patrocinadas por Jack.-Te lo dije, tus penas saben nadar- se reía, y soltaba el humo con violencia.

Como si no pudiera sentir suficiente vergüenza ya. Pero los quiero, en medio de todo. Idiotas, me cuidan, y me hacen pensar en otras cosas. La verdad mi repugnancia por la raza humana, “dotada con un encéfalo desarrollado y pulgares oponibles”, me hace ser escéptico con muchas cosas, pero puedo llegar a ser un blando de porquería con muchas otras. Ves a la gente, y todos caminan, todos respiran, jadean, sudan, crecen y dejan a su paso sus células muertas. Que asco nos damos. -Cualquier chica entra a un bar y dice “hueles esto? es Chanel No.5” y yo respondo “hueles esto? es Jack D’s No.7, y es mucho mas sensual que tú”- dije anoche, y reí. Ellos tambien rieron. Idiotas, los quiero. La boca me sabe a whisky, a vómito, a cigarrillo. La boca me sabe a mierda.

-En serio colega, no te dejes caer así. Entiendo que estés un poco deprimido, pero hay que ser fuerte (coño, que no soy TAN fuerte!).
-Tienes razón, D. lo intentaré- me río un poco, y muerdo la pizza que me ha invitado, El bueno de D. Sabe a gloria. El café no está mal, digo yo. Aprecio su preocupación, de veras. Es muy loable que me quieran rescatar de esto.

Caminamos un poco, y me quedan 20 minutos para ir trabajar, debo hacerlo; o perderé el contrato. Es bueno escuchar historias, hablar de libros, recordar ridículos pasados. Es bueno, aunque me tiemblen las piernas. -Mierda, no abuses de la bebida, recuerda tu sangre. El bueno de D., escribiría un libro con todo lo que dice. -Toma-me da un par de billetes,- compra algo luego, antes de caer a la acera. Prométeme que te cuidarás.-Gracias, amigo. Cuando tenga mi bonanza, me encargaré de ti-le digo con agradecimiento.-No, no lo harás-ríe de nuevo, y me aplasta el cabello como mi padre lo hiciera hace casi 11 años. Nos despedimos, y de nuevo solo cómo el lobo de las estepas. Es la 1:40. Esta hora no miente. Son las 6:43 en mi reloj de mano, aún no lo cambio.

-Hola, recibiré mi turno ahora.
-Hola, N. OK, sigue!
-Gracias…

Apnea mental, hasta las 5 pm. Sigo necesitando una cerveza.

El Dolor

En el bar de siempre, con la misma gente, resaltaba mi voz gritando desesperadamente; al primer ebrio que pude arrastrar hacia el callejón. En mi enrojecido rostro se veía, no era yo el de siempre, el de cada viernes.

“GOLPÉAME!!” Le gritaba. “VAMOS, MALDITO BASTARDO, MUÉSTRAME LO QUE TIENES!!!”.

Era obvio. Al contrario de muchos otros, ansiaba dolor… Sentir tanto dolor como pudiera soportar hasta caer. Puño tras puño, perder el sentido / Puño tras puño, tras puño; borrar la línea que separa el dolor del placer, como si fuera hecha sobre arena. Liquidarlo definitivamente: No quería volver a sentir dolor, frustración por la propia debilidad.

De hecho, qué demonios! no quisiera volver a sentir nada.

“Nunca me asustaron los problemas/ni le tuve miedo a las peleas/
qué podía hacer un tipo como yo?”

El mismo tequila que quemaba mi garganta, me recordaba sin parar: habían sido muchos dolores seguidos. Algunos lo llamaban hipocondría, otros “mala suerte”; pero nadie los veía llegar, siempre estuve inexpresivo. Ya nada de eso importaba. En ese momento sentía un repentino miedo, que iba y volvía. Sumado al tequila, me estrangulaban.

Como un delgado cable, de manera casi quirúrgica. Ese miedo al dolor, el mismo que quisiera exterminar golpeándome con todo, con todos; rompiendo botellas–QUEBRANDO NUDILLOS!!, hasta no sentir más nada. Preparado para cualquier embestida, durmiendo con un revólver bajo la almohada.

La próxima vez que venga la frustración, el dolor o el miedo, será mejor que me encuentren ebrio, así podré recibirlos caballerosamente e invitarlos a una cerveza.

“Sólo tengo dos puños: el derecho y el izquierdo.
Con cuál quieres que te rompa la cara?”

De momento escuchando:
El Ritmo del Garaje
Por Loquillo y Los Trogloditas

Published in: on junio 13, 2009 at 3:24 am  Dejar un comentario