Rattlesnake

-Oh, bury me not
on the lone prairie,
where the coyotes wail and the wind blows free.
And when I die, don’t bury me
beneath western sky
on the lone prairie.

-William Elliott Whitmore

No entiendo cómo carajo le pueden decir a alguien que ponga su mente en blanco. Llevo una hora mirando mi techo, y me siento de lo más estúpido, de hecho. Más bien me pongo a pensar en alguna canción, siempre hay una. Para este momento, podría ser algo muy asfáltico, un stoner, o un funk desértico. Sé que se respeta al desierto de la misma manera en que se respeta algo de similar crudeza, como el mar, o los callejones traseros de los bares. Cualquiera de estos tres es capaz de esconder todo tipo de historias, tan sucias y arrabaleras como la realidad les permita. A la postre, las mejores historias están por fuera de la ley y la moral triste de quienes aman la rutina y se dejan sodomizar por ella.

Estando en el desierto, sabemos que todo se esconde bajo las piedras, pero nada escapa al juicio del Sol. Incluso las peores alimañas buscan alivio en la arena cuando llega el mediodía. Muchas de las vibraciones que pueden manifestarse en el plano físico son muy placenteras, a diferencia de aquellas metafísicas y babosamente hippies. Por ejemplo, la vibración de la Panhead 1948 que pasa en este momento, encaja perfectamente con el cromo del escape, el negro mate del tanque y la mirada polvorienta, curtida del tipo que cabalga la bestia más bella ensamblada por el Hombre -de Milwaukee-.

Mr. Whitman –el hombre de Shamrock, Texas- odia los juicios de valor. Odia los juicios previos a la experiencia, y por sobre todo, odia que lo juzguen por su apellido. Más de la mitad de las gilipolleces que ha tenido que aguantar son pronunciadas gracias al siguiente pensamiento, que podría jurar, sobre una Biblia, que nace en las cabezas de todos los que cometen el mismo error: “Whitman? este tipo debe ser poeta, escritor, como Walt Whitman, y si no lo es, por mi pobre madre que deshonra su apellido.”

Mr. Whitman ama a su motocicleta. Ama estar solo. Ama acelerar, aún si adelante no hay peligros dignos de la cinematografía estereotipada. Ama una cerveza fría, bien centrada entre Yuma y Phoenix. Ama ser él, un tipo que no escribe, y que pensándolo bien tampoco habla mucho. En sus manos lleva media vida de cicatrices y callosidades, porque se ha dado gusto viviendo en su propia ley. El mundo es una mierda, el desierto es una mierda, la ciudad es una mierda, pero por qué no habría de disfrutarlas, y hacer lo que se le venga en gana? No es este el gran país de las libertades, pregunto yo?

Cierta vez, en una taberna a las afueras de Flagstaff, Mr. Whitman tuvo 25 años. De hecho, tuvo 25 años todo ese mes, hasta el día 25. Por cualquier razón, totalmente desconocida para mí o para quien haya escuchado esa historia, pasó de estar en la barra contando botellas, a estar en la trastienda, con media botella en la mano, reclamando las -para nada agradables- entrañas de un bigotudo gordo. Se supone que antes de morir, las personas dicen algo muy lúcido, algo muy heroico, impregnante, memorable. A veces no. Así que, este gordo va cayendo, y recuerda -Oh mierda, no puedo morir hoy! no, no puedo! Mierda, Mierda, Mierda!… me perderé el filete de los jueves!-. Gracias a una perla de estas, Mr. Whitman decidió no tener nombre, no tener edad. No tener días de la semana, ninguna referencia estable del tiempo que lo deteriora. Simplemente le alegra pensar en que no existe una hora decente, una hora apropiada, y mucho menos una hora tardía.

Está muy joven para preocuparse, y muy viejo para prevenirse. Con el tiempo y los kilómetros su destino terminó siendo la muerte. Y la muerte es una palabra más para él. Siendo un hombre de escasas palabras, es una más, como cerveza, camino, mear, dinero, follar, sol, vino, hambre. De lo único que no puede hablar con la misma ligereza, es de Debbie. Debbie no es una palabra. Ella es mucho más que eso. Ella ha estado con él, sin importar su falta de nombre, atraída incluso por sus cicatrices.

I thought we would be havin’ a drink tonight, at The Fireplace. Y’know, being romantic, near to that place where we first met. You were beautiful then, just as beautiful as you’re now. I haven`t been as honest and loyal to anyone, as i’ve been honest and loyal to you. My fist and my strength have always been available for mouth-smashing and face-crushing, against each and every single one of those dickheads who tried to mess with you. They got a piece of me, oh yeah, they did. It’s just you and me, babe. It’s always, you and me. I love the way you talk to me, I love the way you shine, when he sun comes up. You’re just the only one not talking crap around me. I really thought we would be having that drink by now. If it wasn’t by this stupid blood running down my jacket. Damn, Deb, look at this! that’s gonna leave a stain. Even now, you’re here. You could’ve left with some other guy, now, and in many other times before. But you didn’t. You’re standing here next to me, even now, when i’m just an old dirtbag, bleeding, moaning, sweating. I guess we’re not gonna have that drink. But I still love you, Deb. You’re the best. Just promess me, when I’m gone, to lay me down somewhere near, but don’t let the crows feed on me. Fucking crows, they’re always waiting. They never had a proper fight. Promess me you’ll bury me, and you’ll go away. Run like you never did, feel free and happy. Keep everyone trembling at your presence. Keep being the wild beauty I fell for.

Siendo un tipo algo peculiar, los únicos que recuerdan a Mr. Whitman, son los pobres afortunados que han logrado recibir alguna paliza de su parte. Debbie se lo queda mirando, como quien mira un rostro en una foto, tratando de recordar su nombre. Y se alegra de ser la bestia más bella del desierto.

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Published in: on diciembre 26, 2010 at 9:53 pm  Comments (1)  

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  1. Excelente en especial en la parte de” I thought we would be havin’ a drink tonight, at The Fireplace. Y’know, being romantic, near to that place where we first met. You were beautiful then, just as beautiful as you’re now”


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