Police and Thieves

Hay una calle en el East End, fría como el demonio. Como la mayoría de las calles que la rodean. Un viejo marinero sale por la puerta del pub, extiende una silla de playa que solía tener lona blanca, ahora es un tejido amarillento y raído. Se sienta con pesadez, la silla rechina, el cuero de su chaqueta apesta a ginebra, y chilla con el movimiento de su brazos. Está buscandola, y el alcohol no reduce su desesperación. Varios vagos dejan de hacer lo que no estaban haciendo y lo observan, tratan de predecir que hará a continuación. Finalmente encuentra su armónica. “Royal Navy” grabado encima, con algun oxido entre cada letra. Sopla con cuidado, y como ratas, los vagos se acercan. Mierda, es casi mágico. Su armónica suena a humedad, a frío, a asfalto mojado. Casi se puede sentir como es punzante, en la parte trasera de sus cabezas. De algún lado, sale una botella de Beefeater, y se reparte entre todos. Sin avisar, se acaba la música, y la armónica vuelve al bolsillo de la gruesa chaqueta. El viejo se levanta, la silla chirrea un poco, sonríe a todos y a nadie. En este día ha decidido cambiar su vida… Beberá en otro pub.

He estado durmiendo cinco horas menos de lo que debería, esas son, 35 horas de vigilia en la semana, 140 horas de dar vueltas en la cama al mes. Mirar el techo, sabiendo que nada va a salir de ahí. Escuchar con atención los camiones que transitan a la medianoche, el sonido de las ruedas, las carreras ilegales de los viernes. Ni siquiera es cuestión de levantarse, respiro profundo, muy profundo. Afuera, las bombillas perfectamente ubicadas, esperando alguna mano invisible que venga a dibujar una linea, uniendo puntos. Suspiros profundos, en el aire frio. Hay varios gatos que aprovechan la noche para chillar de una manera desagradable, como niños-muertos vivientes, están en celo y los aborrezco, y me miran y leo sus miradas, “ven acá, imbécil! te reto” y me acerco, y corren como señoritas. Nunca podría vivir con un gato.

Se siente el miedo, frecuentemente. Pero por qué carajo lo sentimos? Por qué nos detiene siempre algo, cuando estamos a punto de acercarnos, cuando queremos escuchar de cerca, cuando queremos tocar lo irresistible? Si fuera un cliché diría “La vida es muy corta”, pero eso es algo que ya todos sabemos (no por eso deja de ser cierto). El miedo, como una gran prostituta, costosa, astuta. “Si tratas de joderme, te haré mierda, y joderé tu vida el doble”. Buena sazón para un dia sin suerte, ser perseguido con fiereza, perder el aliento, y estar alerta… así que hay que joder a la Gran Puta, manipuladora y sagaz. No es necesario ser sagaz, basta con ser descarado. Siempre, SIEMPRE van a pasar cosas, “malas”, “buenas”, injustas. No se pueden controlar. Lo que si podemos controlar, es como reaccionamos ante ellas. Si resulto siendo uno de aquellos pajeros que se quedan llorando despues de ser insultado, por el coño! que me muelan a palos.

Párate derecho, sonríe, amplio, hasta donde lleguen las comisuras. Miralo como viene, como diciendo “Hola nena, te has portado mal!”… recibe el golpe, reacomoda tu sonrisa… así, así está perfecto. Escupe la sangre, limpiate con la manga. No dejes de sonreír mientras le concedes EL  dedo, “andate a la mierda, chupapollas”. Estamos casi seguros de que los puños no dejarán de llegar, lo importante es no ser un maricón, hay muchos maricones por ahi; la mayoría con músculos marcados, tarjetas de crédito y ropa costosa. A ellas seguramente les fascinan así, pero nosotros, los que no nos molesta comer en la calle, sabemos que se traen, pendejos. Tal vez por eso podemos burlarnos tan abiertamente, porque no vamos a pedir permiso, no vamos a pedir perdón. Mi tipo de gente no baja la mirada, ni se siente inferior… we, pretty much give a fuck. La verdad nos traen sin cuidado todas sus ideologías, sus juicios de valor, sus ídolos llenos de virtudes y ojos claros.

Sabemos muy bien lo que somos, manada de perdedores. Somos unos animales, y aun así podemos ser mucho mas decentes que todos los demás. La originalidad no es problema, en realidad pocas cosas suponen problemas, no vamos a llenar nuestro valioso tiempo de destrucción colectiva pensando en estupideces. Si lo pienso detenidamente, posiblemente no odio a las personas. Tampoco odio a los mosquitos, pero me cabrea que estén en todas partes. Tal vez es por eso que prefiero una buena motocicleta. Algo donde definitivamente no eres un maricón, eres la carrocería. Y eres la máxima expresion de individualidad, mucho más cercano a la ilusión de libertad.

Cambiar de pub no fué la mejor idea. El viejo era un maldito descarado, nunca pidió permiso. Al parecer eso decía el reporte policial dos noches despues de tocar la armónica… Pudo controlar sus puños, sus insultos y sus cejas retadoras. No pudo controlar la botella de bourbon que algún pendejo estrelló en su cabeza. Que mala suerte. Que mala noche, la suerte es para los perdedores.

“We condemn all one-percenters.  They’d be condemned if they rode horses, mules, surf boards, bicycles or skate boards.  Regretfully, they picked motorcycles”

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