Crisis, Catarsis, Bilis.


Listen to the silence, let it ring on.
Eyes, dark grey lenses frightened of the sun.
We would have a fine time living in the night,
Left to blind destruction,
Waiting for our sight.

And we would go on as though nothing was wrong.
And hide from these days we remained all alone.
Staying in the same place, just staying out the time.
Touching from a distance,
Further all the time.

Habían pasado por lo menos dos meses desde la última vez. Sentí la diferencia al escupir el humo, con prisa, más que con alivio. No fumaba porquerías baratas, pero la abstinencia al parecer se empeñaba en patear mi trasero, y mi estómago. Un poco mareado seguí andando, decidido a terminar uno y encender el siguiente. Cada vez más pálido. Era una visión hilarante, maldito indigente.

Tal vez entre toda la multitud algo cambiaría (aunque sé que odio las multitudes, y preferiría estar jugando unos buenos billetes en el hold’em). Gente y luces. Por lo pronto estaría distraído. “Necesitas comer”, pensé. Un paquete con galletas, a medio terminar entre la chamarra… Coño, mi garganta estaba cerrada, náuseas, náuseas.

De repente, me encontraba frente a cierto retrete muy blanco. Baldosas blancas, paredes blancas, divisores metálicos impecables, Mierda! todo tan antiséptico! ploc, ploc, sin embargo algo goteaba. Debes acostumbrarte, en los baños públicos siempre hay algo que gotea, las películas no mienten. Ya de rodillas tosía como un gato canceroso. Dos veces y luego, nada, nada. Me quedé mirando al retrete, como si la cara de Hunter Thompson fuera a surgir de ahi en cualquier momento para darme algún consejo bien blasfemo. Nada, agua limpia, y al fondo, la salida. Una salida. Podría irme por ahi, los problemas y las estupideces diarias darían vueltas, la vida entera daría vueltas y se iría. Una salida.

Es irritante cuando los pasos de alguien chirrean en la baldosa, interrumpen mi vomitiva divagación. Rompen mi concentración, maldita gente. Las luces ahora me marean. Con una sonrisa deseé insólitamente, que el lugar oliera a mierda, a sudor. El tipo siguió chirreando, zzzip! orinó, escupió, zzzip! vi como se detenía con curiosidad detrás de mí… tosí y se fué. De nuevo, el retrete y yo. Traté de levantarme, y el gran y arrogante mundo daba vueltas alrededor mío, “ohhh, qué demonios!”, tosí con fuerza y las arcadas anunciaron la poca bilis que pude vomitar. Bueno, por lo menos ya todo no era blanco. Bien. Necesito-un-whisky. Tal vez estaba vomitando lo que quedaba de mi voluntad, o tal vez todo el estiércol en mi cabeza hacía efecto finalmente. No me dejaba arrinconar de teorías catárticas, ni de purificaciones espirituales, ni de babosadas hippies.

Decidí buscar un nuevo trabajo. Hay mucha gente aqui y hacen un ruido increíble. y todos se ven igual de miserables a mí, eso me hace sonreír. pienso que puedo ser una hormiga útil ente otras hormigas no tan útiles. “tengo tu número!” Alice, se llamaba. Genial, otra llamada que no necesito. Que carajo, deberían estar vomitando en lugar de hablar a gritos. Se pelean la atención, cual avisos del Times Square. Deberían vomitar, todos ellos.

A veces el transporte público puede ser un dolor de orto. Pero esta vez, como otras pocas, era agradable. Me sentaba a mis anchas, mientras las viejas marujonas y amargadas me excomulgaban con sus miradas… que les follen. todavía tienen piernas. me río por lo bajo y quisiera tener un par de cachos… por lo menos mi retrete no es blanco.

Published in: on marzo 17, 2010 at 4:48 am  Dejar un comentario