Anotaciones en servilleta: #1

Justo en el momento en que me levantaba con pesadez de las escalinatas, resbalé, y estuve cerca de romperme la espalda. Incluso dos monedas saltaron de mi bolsillo, malditas ratas! sintieron el inminente hundimiento de mi coxis contra el granito. Esas escalinatas eran algo inusual, te daban la bienvenida a uno de los teatros más pintorescos de la ciudad, con solemnidad y astucia. Pero cuando les dabas la espalda, como yo lo hice en mi embriaguez, te engañaban, y caías aparatosamente, mientras en el fondo una tonada caricaturesca de Thelonius Monk daba por terminada la noche. En esos momentos todos quisieran no conocerte. Incluso miro los centavos que escaparon de mi bolsillo, y Washington evita el contacto visual, el muy cabrón se limita a mirar a la derecha. Qué más da! Perdono a las monedas cobardes y las devuelvo a mi pantalón, me aseguro esta vez de no confiar en la falta de escrúpulos de las escaleras.
Un buen maldito decía “Espero a Dios con gula. Soy de raza inferior desde la eternidad”. Y el trago que me serví hace dos horas me mira con impaciencia, me espera de la misma manera. A un buen straight bourbon hay que darle la importancia que merece, por eso aborrezco a los pseudoagentes secretos que, en sus fantasías alpinas, piden tragos fuertes en las rocas, como niñitos de conservatorio.
Quisiera fingir que soy un tipo duro, y tener cicatrices visibles, en lugares de sensibilidad extrema. Sería una declaración, todo el que me viera sabría algo concretamente. No importa si eres flaco, gordo o pelirrojo, una cicatriz le grita a los demás que tuviste los cojones para soportar una gran herida, y no dejarte morir en el proceso. De hecho, toda cicatriz tiene su ciencia. Cicatriz en la mano: la has ganado peleando limpiamente (aunque te cansaste a los cinco minutos y resolviste todo con una gran botella. Maldita botella, no quería romperse. Tuve que darle tres veces con ella. Pobre tipo). Cicatriz en el antebrazo: Eres un cobarde. Ni siquiera esquivas los golpes. Sólo cierras los ojos y tratas de esconder tu patética falta de carácter. Cicatriz profunda en el pómulo: Normalmente estas empiezan encima de la ceja, ya que eres un temerario, y mirando al otro tipo a los ojos trataste de adivinar su golpe. Lástima que su golpe no venía de los ojos, baboso. Por esto, te has ganado además un ojo blancuzco e inútil.
Finalmente, le hice frente a mi bebida. Pasó impetuosa por mi garganta, y como el mejor de los escaladores, la desgarra a su paso con mil picas, cual si quisiera nunca caer de ahí. Y la verdad, yo tampoco la dejaría, no estaría mal tener el sabor del whiskey en la garganta indefinidamente, en medio de tanta mierda. “Vamos…”, me digo en tono de monólogo: “no todo puede estar tan mal. Tienes un trabajo estable, tu apartamento a unos pasos de aquí, y Betsy te espera en la cama…” Betsy… humm…

Se acuesta en MI lado derecho de la cama… maldita perra. Estoy más que jodido.