Loser Blues

Ojalá tuviera hambre. Así, el vacío de mi estómago sería justificable, además de eliminable. Pero la frustración no es tan fácil de camuflar, sobre todo cuando no estás ebrio.

El transporte público resulta útil en estas ocasiones, los buses se convierten en un grupo de apoyo, sólo que aquí, nadie sabe tu nombre, y nadie va a admirarte por tus fracasos. Sin embargo, hay gente, que como en la vida, sube, y se baja. Es en serio, nadie se queda. Todos parecen tener miedo, o aburrimiento. O las dos. Puedes ser un alcohólico, o un depresivo, o un psicópata falsamente rehabilitado. A todos alrededor les vale una mierda.

Nunca más volveré a subir a un bus. Un mes más en este trabajo, y podré comprar un Caddie usado. Y será él, el único con derecho a juzgarme. Con la radio, o el sonido triturante de sus chatárricas entrañas me dirá ” eres un jodido perdedor…perdedor…brrmmm…perdedor…”

-Puedes dejar de mirar al piso??- A estas alturas, Eddie se impacienta.-vamos, ayúdame con éste- y patea suavemente el pie del hombre junto a él, a quien la verdad no le importa si le patean o no, desde que tiene un disparo de calibre 38 junto a su ojo derecho. Así que, Eddie, el muerto y yo caminamos a lo largo del callejón, al cual da la entrada de servicio de un restaurante llamado “La Trattoria de Joe”. Pobre Joe, le será dificil cocinar con medio cerebro regado en el asfalto.

Me gusta este trabajo.

-Así que crees que te vamos a dejar ir así como asi, no?- el tío que queda, me mira suplicante, mientras me  ve recibiendo el  bate.-Mándalo a robar bases-.

No estoy de ánimo, pero Eddie me metió en el trabajo, cuando lo único que hacía era beber y pelear. Así que, con algo de pesadez, tengo que quebrarle un par de huesos al desdichado que está amarrado en la silla. Me gusta mi trabajo, sólo que no me siento muy diferente de cuando tropezaba con las latas de cerveza en aquel cuarto alquilado de Los Ángeles.

Y es que en verdad somos todos unos masoquistas. Nos gusta sentir el desprecio propio como una aguja inquieta, que puede herirnos con nuestra propia aprobación, donde guste, con la imprudencia más desafiante. Yo por mi parte prefiero sentir otras sensaciones igual de atormentadoras. El ahogo del afán y la impotencia, el fuego en los pulmones iracundos y el escozor en toda la piel desesperada. Me gusta pensar que puedo burlar dolores tan profundos, jugando con mi propio estado mental.

-Vamos, que lo quiero es un soplón, no una bolsa de carne!- Eddie se ha dado cuenta.-Creo que hoy no es tu día (“ni mi semana, ni mi mes, ni mi año…”). tomate un whisky a ver si te calmas, bastardo salvaje. Y dame ese maldito bate.

Me gusta mi trabajo. queda cerca, no hay un horario fijo, me pagan bien. Pronto tendré mi Caddie, podré montar alguna chica en él. No volveré a montar en Alcohólicos Anónimos Sobre Ruedas. Ojalá tuviera hambre. Da igual, por lo menos estoy un poco mejor que el del balazo junto al ojo derecho.

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Published in: on noviembre 8, 2009 at 4:11 pm  Dejar un comentario