27/08/09

Vuelvo a ser el mismo pedazo de carne que era antes. Carne virtuosa, apenas sobreviviente. Ls personas comunes no vivimos de ilusiones, ni de intenciones. Ciertamente no vivimos de escrituras victorianas, dramáticas y perfumadas. Algunos se sienten felices de poder entender pese a toda la mierda que leen. Yo mismo no me considero gran cosa, como no es gran cosa lo que escribo. No decoro mis palabras, no le pongo cerezas y sombrillas a un vaso de whisky. No le pongo flores exóticas y orangutanes a una botella de cerveza. Tal vez la única cosa con la cual podrías decorar un vaso de whisky, es una buena follada. Bebe antes, bebe durante, bebe después. Se evita la tensión, y la ridiculez.

Ayer, mientras caminaba por el centro, vi un anciano recostado en la puerta de una café. Llevaba puesto un traje de graduación, azul claro, con boleros en el pecho y las mangas. Acompañaba su traje desempolvado con un gran puro, y sólo miraba. No sé si miraba a la gente que andaba, o a los autos que hacían fila en el semáforo, de la misma manera en que estoy seguro que habrá una fila para entrar al infierno. Sólo miraba y soltaba humo. -Amigo, te voy a regalar una artesanía con alambre, el valor lo pone tu corazón!- no debí haberme quedado ahí. -No quiero nada de eso- le dije un poco desanimado, pero el alambre no se fué. -Pero cómo no, todos queremos algo, debes tener deseos, tengo unas pulseras para los deseos…
-Deseo estrellar tu cara contra la calle como no dejes de joder mi tarde.- fué mas que suficiente.

Solía haber un mural de “Pepsi-Cola” en la pared de aquel edificio. Le pintaron de blanco encima. ¿Por qué insisten en que el blanco es puro? todo lo que quieren ocultar, lo hacen con blanco, o con cualquiera de sus secuaces. Son los colores del silencio, del aburrimiento mortal. Me gustaba andar por allí y ver ese mural, de cierta manera no pasaba el tiempo. Hacía su pequeño esfuerzo por recordar que no todo debería saber a mierda licuada. Podía saber a “Pepsi-Cola”. Y yo podía cobrar algunos billetes por la publicidad. Pero le pintaron blanco por encima, y bueno, no puedo obligarlos a todos a apreciar ciertas estupideces que yo aprecio. la pasan mejor sin pensar en ellas. siguen comprando papel higiénico, siguen besando a sus parejas, siguen bebiendo cocteles amanerados, que les saben siempre igual.

Un chillido estridente hace que todos quiebren sus cuellos en la misma dirección, buscando la frenada.
-Qué le ha pasado?
-No lo ves? Está muerto!
-Quien?
-Ese hombre, el de la bicicleta!
-Yo sólo veo un reguero de carne debajo de aquel camión.

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