El Mal I

A veces me encuentro con aquellas mujeres demoníacas,
caminan con arrogancia y nos ignoran.

Desafiantes, y aun asi siempre seductoras.
Se cubren con sedas, vapores perfumados
y en las noches nos miran, inmóviles, con ojos de lince.

Al hombre descuidado engañan, disfrazadas de angustias
o simplemente lo distraen con sus curvas de valkiria.

Oh,hermano, en mal momento hemos perdido la prudencia (y la verguenza)!
Aprisionados estamos en su regazo, su sexo nos llama con ansiedad!
Lujuria! Ira! Venganza!

Como tres ninfas criminales, saciarán su sed en nuestros cuellos.

De momento escuchando:
Disgraceland
Por Elvis Hitler

Published in: on junio 13, 2009 at 3:34 am  Dejar un comentario  

El Dolor

En el bar de siempre, con la misma gente, resaltaba mi voz gritando desesperadamente; al primer ebrio que pude arrastrar hacia el callejón. En mi enrojecido rostro se veía, no era yo el de siempre, el de cada viernes.

“GOLPÉAME!!” Le gritaba. “VAMOS, MALDITO BASTARDO, MUÉSTRAME LO QUE TIENES!!!”.

Era obvio. Al contrario de muchos otros, ansiaba dolor… Sentir tanto dolor como pudiera soportar hasta caer. Puño tras puño, perder el sentido / Puño tras puño, tras puño; borrar la línea que separa el dolor del placer, como si fuera hecha sobre arena. Liquidarlo definitivamente: No quería volver a sentir dolor, frustración por la propia debilidad.

De hecho, qué demonios! no quisiera volver a sentir nada.

“Nunca me asustaron los problemas/ni le tuve miedo a las peleas/
qué podía hacer un tipo como yo?”

El mismo tequila que quemaba mi garganta, me recordaba sin parar: habían sido muchos dolores seguidos. Algunos lo llamaban hipocondría, otros “mala suerte”; pero nadie los veía llegar, siempre estuve inexpresivo. Ya nada de eso importaba. En ese momento sentía un repentino miedo, que iba y volvía. Sumado al tequila, me estrangulaban.

Como un delgado cable, de manera casi quirúrgica. Ese miedo al dolor, el mismo que quisiera exterminar golpeándome con todo, con todos; rompiendo botellas–QUEBRANDO NUDILLOS!!, hasta no sentir más nada. Preparado para cualquier embestida, durmiendo con un revólver bajo la almohada.

La próxima vez que venga la frustración, el dolor o el miedo, será mejor que me encuentren ebrio, así podré recibirlos caballerosamente e invitarlos a una cerveza.

“Sólo tengo dos puños: el derecho y el izquierdo.
Con cuál quieres que te rompa la cara?”

De momento escuchando:
El Ritmo del Garaje
Por Loquillo y Los Trogloditas

Published in: on junio 13, 2009 at 3:24 am  Dejar un comentario